Pasea por las tradiciones

¿Qué tienen todos los pueblos que a todo el mundo le gusta el suyo? Pues no lo sabemos muy bien, pero nosotros tampoco somos una excepción, nos encanta el nuestro y pretendemos que  vengas a conocer Berzosa del Lozoya y nos digas si te gusta tanto como a nosotros .Para ello te invitamos a dar un paseo por sus calles y rincones, que tan sólo te llevará una hora aproximadamente, pero al final del cual conocerás un poco más sobre nuestra arquitectura, oficios y costumbres.

El pueblo está construido a media ladera de la montaña, lo que le brinda unas magníficas vistas (somos el “Balcón de la Sierra”) y algunas empinadas cuestas a las que pronto os acostumbraréis tus piernas y tú. Piedra, madera, chimenea y teja son las notas comunes de la arquitectura tradicional que de la zona que te acompañarán en tu paseo. Construcciones con grandes muros de piedra, puertas y ventanas de madera (generalmente pocas y pequeñas), chimeneas y los tejados a dos aguas, proporcionan buen aislamiento en invierno y mantienen las casas frescas en verano. Y esto ya lo descubrieron hace mucho tiempo los vecinos del pueblo; A parte de que  ya sabían que construir con materiales propios de la zona es más práctico, económico y ecológico.

Iglesia de La Asunción  de Nuestra Señora.

Esta iglesia está ubicada en la plaza del pueblo, es del siglo XVII y  fue reconstruida tras los grandes daños que sufrió en la Guerra Civil. Desde el exterior observarás que está formada por un edificio de una sola nave rectangular, construida con la piedra característica de la zona, con cubierta de teja y dejando pocos huecos para evitar el frío. De lateral sobresale un tejadillo sobre pilares almohadillados, a modo de pórtico abierto, que constituye el elemento singular que caracteriza a las iglesias de esta zona, por el que se accede al interior. Fíjate en las jambas y el dintel hechos de bloques de granito, el mismo material del que está hechos los bancos de la puerta de la iglesia y la fuente de la plaza.

En la parte izquierda se eleva la espadaña, construida en ladrillo, con dos huecos en forma de arco de medio punto, en los que se alojan las campanas y coronada por una pequeña cruz. Las campanas siempre ha estado unidas a las costumbres y labores de los pueblos serranos, y cada tañido tiene una función diferente: toque de oración, de fuego, de difuntos, repiques de fiesta, el Ángelus, o el toque de queda, para indicar el final del día, etc. En Berzosa seguimos utilizando aún algunos de estos toques.

En su interior la nave está separada del presbiterio por un arco de medio punto con arquivolta y alfiz. Presenta también un coro alto a los pies, con barandilla de balaustres torneados en madera; y conserva una antigua pila bautismal hecha de piedra que merece la pena visitar. En esta iglesia se veneran imágenes de La Asunción de Nuestra Señora y San Roque, en cuyo honor celebramos las fiestas patronales el 15 y 16 de agosto respectivamente. La iglesia abre los domingos y festivos.

La Reguera que canta.

Desde plaza, pasa por delante de la espadaña de la iglesia y gira a la derecha para ascender por  la Calle Reguera, justo a tu izquierda dejarás un a pequeño espacio a modo de pequeña plaza, que en principio puede que no te diga nada, pero resulta ser nuestro comercio rural, pues allí paran semanalmente vendedores ambulantes que nos traen frutas, verduras y productos congelados. Pregunta a cualquier vecino y te dirán los días y las horas. Pero no te asustes, también tenemos un pequeño súper, no estamos tan aislados.

La calle Reguera es muy especial, es bastante larga, ¡y empinada!, pero su singularidad reside en que tiene un sonido especial, y casi musical diríamos, que la envuelve. Por ella discurre el agua que baja cantarina desde el antiguo lavadero, situado a mitad de la calle, hasta llegar a las partes más bajas. No es una calle cualquiera, es una calle virtuosa, y suena con tonos distintos en función de la época del año: suaves y lentos para el verano, y más fuertes y graves en otoño. Dedica unos minutos a sentarte y escuchar el cautivador sonido del agua corriendo por el centro de la calle, es un auténtico deleite, un sitio ideal para hacerlo es en la siguiente parada, en la Plaza del Campillo, junto a la antigua morera.

La  Morera centenaria.

Subiendo por la Calle Reguera llegarás a la Plaza del Campillo donde podrás saludar a nuestra vecina más longeva, la morera, que te acogerá con cariño bajo sus ramas. Vive allí desde hace más de 150 años!!, y está fuerte, lustrosa y en perfecto estado de salud, porque estos árboles resisten sin rechistar casi en cualquier tipo de suelo y climatología.

Sus hojas son grandes, acorazonadas, de margen dentado y haz brillante; y como es de hoja caduca, todos los años renueva su peinado a partir de la primavera, momento en el que le brotan las hojas en su  frondosa copa, con la que esta centenaria morera protege del sol a todo aquel que se lo pide. Su función principal es dar sombra, aunque esta variedad es muy generosa y además da moras.

Sin duda sentarse a contemplarla mientras escuchas el agua corriendo por la reguera, es uno de los pequeños placeres que no se pueden contar, es mejor venir a sentirlos, incluso hay quien dice que si pasas un rato con ella te carga de energía y  buenas vibraciones.

Por cierto, aunque la morera es del pueblo de toda la vida (una auténtica Esgüízara), sus ancestros provienen de Asia, donde sus hojas servían de alimento a los gusanos, que producían la seda.

La antigua Fragua

Al lado de la morera y haciendo esquina con la calle Postigo, se ubica una típica casa de piedra de la zona, que a primera vista no te dirá mucho, pero es nuestra la antigua fragua. En un municipio como este dedicado en el pasado a la agricultura y la ganadería, el oficio de herrero era imprescindible y muy valorado por los vecinos. Aquí se arreglaban los utensilios y aperos de labranza que se empleaban antaño (arados, ruedas de carro, azadas, etc.) y además se hacían herraduras para los animales que se empleaban en las labores del campo (vacas, bueyes, caballos, burros, etc.). Por este motivo solían estar ubicadas cerca del potro de herrar.

El herrero ponía el carbón en la fragua para calentar las piezas de metal y hacerlo más maleable; para darle forma sujetaba con unas tenazas el metal incandescente y lo golpeaba repetidamente con el matillo contra un gran bloque de hierro llamado yunque hasta darle la forma deseada; finalmente lo metían en agua para templarlo. Durante el proceso se iba enfriando la pieza, por  lo que avivaba el fuego con el fuelle y volvía a iniciar todo el procedimiento. Un trabajo muy duro y que requería mucha habilidad que ha caído prácticamente en desuso.

Desde este punto, puedes ir por la calle Campillo a ver la innovadora Plaza de Juan Yagüe, construida con bancos para corridos de piedra y parasoles de hierro, que debe su nombre a uno de los Alcaldes de Berzosa.

El Lavadero

Ascendiendo unos metros más, siguiendo el sonido de la Calle Reguera, llegaremos al antiguo lavadero. Fue construido en los años 40, se asienta sobre lo que antiguamente eran las pozas a las que acudían las mujeres de Berzosa a lavar la ropa cuando no había agua corriente en las casas. Inicialmente lavaban de rodillas en las pozas y después se pasó a hacerlo de pie.

Tiene dos estanques, una para enjabonar y restregar la ropa y la otra para enjuagarla, y como verás está construido sobre una zona inclinada para facilitar el lavado con la propia caída del agua.

Para lavar traían sus barreños de ropa y una tabla de madera con hendiduras que facilitaban el restregado de la ropa; y por supuesto, elaboraban su propio jabón natural que se hacían en casa con sosa y grasa (aún hoy se sigue haciendo por su gran calidad). Después, tendían las prendas al sol hasta que se secaban: extendidas en la hierba, tendidas entre dos árboles o en sus propias casas.

¿Te imaginas hacer la colada en pleno invierno? Pues sí, lo hacían igualmente, eran unas campeonas, aunque por entonces el lavadero estaba cubierto totalmente para protegerse de las inclemencias invernales y fue tras su rehabilitación cuando se dejó una parte al aire libre. No te olvides de meter las manos en el agua un rato para comprobar su temperatura.

Además ir a lavar tenía una doble función, allí te enterabas de todo, pues se convertía en un lugar perfecto de reunión y encuentro en el que se comentaban las novedades ocurridas en el pueblo.

Vistas panorámicas calles Balcón, Reguera y Viña.

Sigue ascendiendo por la calle Reguera hasta la calle Balcón y haciendo honor a su nombre descubrirás por qué nos llaman el Balcón de la Sierra. La amplia panorámica desde aquí te permite proyectar la vista al horizonte y divisar la Sierra de Guadarrama (Pico Peñalara, 2.428 m), el macizo de La Cabrera (Pico de la Miel 1.390 m.), los embalses de El Villar y Puentes Viejas, el Valle Medio del Lozoya y varios de sus municipios serranos. Recuerda traer los prismáticos para apreciar además la flora y la fauna.

Si miras a tu espalda y hacia arriba, te encontrarás un pico muy alto en el que se ubica  una caseta de vigilancia de incendios, es El Picozo, ascender hasta sus (1.392 m.), es una ruta de senderismo muy recomendable que convierte la panorámica en espectacular al contemplar tres provincias: Segovia, Guadalajara y Madrid. Pero sin hacer esa ruta, simplemente llegando al final de la calle Reguera, divisarás una interesante panorámica de Madrid, con las 4 torres del Paseo de la Castellana incluidas. Prepara la cámara.

Desde este punto puedes atravesar la calle Depósito y bajar hacia la fuente de la calle Hontana, no sin antes hacer un alto para ver la estupenda Higuera que hay en la plaza de la Casona.

Fuente de la Hontana

Es una de las fuentes más bonitas del pueblo, construida aproximadamente hacia 1910. Es casi obligatorio venir a verla en todo su esplendor, rodeada de hierba verde y flores durante la primavera, o en otoño, cuando a su alrededor se ve arropada por  los tonos marrones y ocres de los árboles. Una foto en la fuente de la Hontana es imprescindible, si nos visitas.

Antiguamente era usada por los vecinos como abrevadero para el ganado, fundamentalmente ovino, así como para los animales de labor, mulas y bueyes. Pero además, aquí se echaban a lavar los haces de centeno que recogían en el campo, para quitarles el grano y hacer después atillos para el trigo. Sin duda, el pasado agrícola y ganadero de Berzosa está estrechamente unido a esta fuente tan singular. Y sí, su agua se puede beber.

Potro de Herrar

Es una construcción al aire libre, típica de los municipios serranos y seña de identidad inequívoca de la tradición ganadera de estos los pueblos. El potro era utilizado por los vecinos de Berzosa para inmovilizar a los animales y así herrarlos o practicarles determinadas curas más cómodamente y sin peligro. Fundamentalmente herraban  a  los animales que se empleaban en las labores del campo (vacas, bueyes, burros, etc.) para que las pezuñas no se desgastaran tan rápidamente.
El potro se compone de los siguientes elementos:

  • Cuatro monolitos de pizarra clavados firmemente al suelo y que constituyen el soporte fundamental del resto de la estructura. Lo que le hace tan singular a nuestro potro en la zona, es el hecho de que los bloques sean de pizarra. Además tiene otras dos piedras menores a ambos lados, cuya misión es la de apoyo a la pata doblada del animal para facilitar el trabajo del herrero.
  • Los travesaños de madera, dispuestos en los laterales y unidos a los bloques de piedra, donde se ataban las cinchas de cuero que contribuían a levantar e inmovilizar más al animal.
  • El Yugo de madera, o también llamado Ubio, está la parte frontal, donde se sujetaba la cabeza del animal.

Los orígenes de este tipo de construcciones se remontan a la Edad Media y actualmente es uno de los sitios más fotografiados del pueblo. Te invitamos a venir a Berzosa y hacerte una foto junto a este trocito de historia.

Parte baja del Pueblo.

Desde la fuente de la Hontana, haremos un recorrido por las calles: Camino de Casasola-Villar-Manzano-Calle del Cura, para acabar de nuevo en la Plaza del Pueblo. En este recorrido vas a seguir conociendo la arquitectura de los pueblos, una zona recreativa de barbacoas, las naves del pequeño polígono artesanal, la zona de la piscina y ya de vuelta los cuidados huertecillos que siembran los vecinos, (singulares a la vista y un auténtico deleite para el paladar).Finalizaremos nuestro recorrido llegando de nuevo a la Plaza donde se ubica la iglesia.